Precauciones peligrosas

precauciones peligrosasMuchos propietarios no sacan a su cachorro a la calle hasta que no se han puesto todas las vacunas, orientados por veterinarios bienintencionados pero desfasados, que centran totalmente su atención en la saludo física del perro y omiten la psicológica.

Los perros, al igual que las personas, pasamos por un “período crítico de socialización”. Es el período en el que el perro o el ser humano aprende las habilidades sociales, la comunicación y las destrezas para interactuar con el entorno. No es que a partir de esa edad podamos adquirir esas competencias, es que es LA ÚNICA EDAD EN LA QUE PODEMOS ADQUIRIRLAS. Si no aprovechamos esa etapa, NO HAY VUELTA ATRÁS.

Quizás algunos de vosotros hayáis visto una película de Truffaut, “El pequeño salvaje”, basada en un personaje real: el “niño salvaje de Aveyron”. En 1800 un niño de unos 11 años que fue encontrado en los bosques de Francia tras haberse criado en solitario (se desconoce cómo fue capaz de sobrevivir). No se le detectó ninguna discapacidad de tipo intelectual, psíquica o sensorial. Pero jamás pudo adquirir la capacidad del lenguaje ni se pudo integrar en la sociedad. En 1970 salió a la luz el caso de Genie, una niña de California que había vivido en un sótano atada desde los 20 meses en unas condiciones infrahumanas y totalmente aislada. Fue rescatada con 12 años. Jamás pudo relacionarse de forma normal con la sociedad ni pudo adquirir la capacidad del lenguaje. Se masturbaba constantemente en público, negándose a abandonar el hábito y nunca fue capaz de articular más que una serie de palabras. (Ambos casos descritos en el libro Sociología de Anthony Giddens).

Tanto Genie como el niño de Aveyron accedieron al contacto humano y la sociedad cuando ya habían sobrepasado la edad en la cual los niños aprenden el lenguaje y otras habilidades sociales. 

Ian Dunbar describe en su libro “Un cachorro en Casa” y “El libro del buen perro” el equivalente de esta etapa en los perros. Mientras que en los seres humanos este período va de los 0 a los 3 años, en los perros no se prolonga más allá de las 8 o 9 semanas. En los lobos es todavía más corto, de unas 4 semanas. Este período se caracteriza en los perros por la ausencia de miedo y la preeminencia de actitudes exploratorias antes que defensivas y temerosas. Dunbar alude al final del período como el momento en el que se abre “la ventana del miedo”. La exposición a los estímulos con los que el perro ha de convivir debe ser previa a abertura de esa ventana.

Durante mucho tiempo el discurso intelectual sobre el perro, tanto en sus aspectos físicos como educativos, estuvo monopolizado por la profesión veterinaria. Pero muchos veterinarios no tenían conocimientos suficientes en materia de educación canina, al igual que un médico no tiene porque ser un experto en pedagogía o en educación. La clásica preocupación por la salvaguarda de la salud del cachorro frente a enfermedades víricas e infecciosas, es matizada y cuestionada por expertos de la salud y del comportamiento animal, que saben de la importancia de una adecuada socialización temprana para prevenir problemas de conducta. A continuación cito algunas referencias de expertos reconocidos en este sentido:

  • Laetitia Barlerin, veterinaria, autora de 100 ideas falsas sobre el perro (2009, Servet editorial), escribe (página 12): “el día de la adopción, el vendedor te ha advertido << No pasees a tu cachorro hasta que el veterinario le haya aplicado la segunda dosis de sus vacunas, pues antes no está todavía bien protegido>> ¡Al contrario!….esta precaución es hoy denunciada por los especialistas en etología, pues interfiere en un momento crucial del desarrollo del comportamiento del cachorro, justo en el período de socialización. ¿Qué puedo hacer? Favorecer el proceso de socialización sacando a pasear regularmente a tu cachorro, lo más pronto posible, para que descubra su nuevo entorno….Ponle en contacto con personas diferentes, con perros de todos los tamaños y con otros animales para que no sienta miedo más adelante. Desde un punto de vista médico, evita los contactos con perros callejeros o enfermos y no le dejes lamer los orines, beber en aguas estancadas o husmear la heces diarreicas.”
  • El doctor James O´Heare, director del Instituto Internacional de Comportamiento Aplicado de Animales de Compañía, autor La ansiedad por separación; Neuropsicología Canina, escribe en Tratado sobre la Agresividad Canina, (2007. KNS ediciones) en la página 102: “Hay muchos veterinarios que sugieren que se aísle al cachorro hasta que se le ponga una segunda inyección…Sabemos que las infecciones son peligrosas pero el aislamiento también lo es. La mayoría de los veterinarios tendrán que admitir que sacrifican muchos más perros por problemas de comportamiento relacionados con el aislamiento que cachorros infectados.” En España es posible que los veterinarios no estén de acuerdo con este dato. Tienen razón, aquí es el sacrificio es más exótico, se lleva más el abandono o el confinamiento o ecadenamiento permanente.
  • Roger Abrantes, director científico del Instituto de Etología de la Escuela de Ingeniería agrónoma de Hong, Dinamarca, escribe en la página 186 del Manual de Comportamiento Canino (2008. KNS ediciones): “si los cachorros no <<pasan>> por la impornta con la exposición a los humanos antes de que alcancen las siete semanas de edad, nunca los considerarán como compañeros de manada…La impronta es irreversible, no puede ser eliminada o modificada una vez que se ha establecido.”
  • Raymond Coppinger, profesor de biología en el Hampshiere College, criador, investigador mundialmente reconocido en salud y etología canina, escribe en su obra Perros (2004, Ateles Editores): “Si decidiera comprar un cachorro como mascota, comprobaría…para asegurarme de que no ha sido criado en una perrera, con la única compañía de su madre y sus hermanos de camada durante las primeras ocho semanas” (pág 111).

Por otro lado el confinamiento no garantiza que el cachorro no adquiera una enfermedad. Nuestros zapatos introducen todos los días multitud de patógenos en el hogar. Es razonable preocuparse por la salud de nuestro cachorro, y podemos tomar determinadas precauciones, evitando fuera del hogar el contacto con entornos poco salubres y con heces u orines, y evitando llevar el calzado de calle en nuestra casa.

Pero evitar que el perro conozca el mundo durante su período crítico equivale a convertirlo en un incompetente social, y a empezar a cultivar futuros problemas de comportamiento (principalmente miedo) que os harán infelices a tí y a él.

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